viernes, septiembre 05, 2008

De nuestro oasis valenciano en medio del desierto

Bueno, bueno, ya saben, todos exageramos, nada qué hacer, exageré, exageré, exageré... sí me la pasé en vacaciones trabajando y fines de semana y así, pero la verdad es que no todos, tuve mis escapes y mis alcoholizadas (lo siento, soy viciosa y ahora con mi clase lo entiendo todo mucho, mucho más) y una de mis escapadas fue a un maravilloso lugar en medio del desierto, oasis dicen, sí, desertísisisisimo: tolantongo.


La experiencia fue inigualable, hace años que no convivía con mi familia, así, aquella que yo pensé que había llegado a su caducidad y que revivió con lecturas cursis de fines de año y con dolorosas catástrofes, con lágrimas por motivos comunes o por conmoción inexplicable, no hay mal que por bien no venga dicen (me gustaría citar a tripas corazón pero pues es demasiado común el dicho) y uno de esos bienes fue una convivencia real, básica e irremplazable.


El lugar maravilloso, se conectaron todas aquellas preciosas melodías como mis hermanas, mis primos, el sol, la oscuridad, las grutas, la barbacoa, el rey, la fogata, la independencia y espero el inicio de una nueva era, el inicio de la nueva germán insoportable, torpe y habladora que soporte las bromas de buena gana del nuevo carlos todopoderoso y sabelotodo así como las zapeadas de la nueva ángeles fresa, ordenada y femenina y el inicio de la nueva paty conciliadora, madura, "sacrificada" como el inicio de los jorges sabios, solitarios, pensadores y ejemplares, una nueva etapa, que por terrible que parezca la herencia irrefutable; las mañas, poses, frases, vicios y costumbres, las acompañan virtudes casi extintas que sólo veo en nuestro pequeño oasis.


domingo, agosto 31, 2008

Bueno ya

Viciosa, siempre viciosa, a lo mejor llevo ya tres meses sin fumar y algunos sin tomar, pero viciosa del trabajo y sin dormir, sin pintarme, sin cuidarme cara, cabello, uñas, vestimentas, sin voltear a ver individuos ni buscar miradas, sin tratar de caer bien, sin ver a mi amigos, sin saludar, sin correr, sin comer a mis horas... sólo concentrada, concetrada en lo que importa... así, así he sido yo lo últimos meses... y así me veo en el espejo a la 1am en martes después de llegar del laboratorio cansada y casi inconciente... pero aquí estoy, sigo aquí, en el laboratorio un domingo a las 22.19 pero aqui, contenta, contenta porque por fin llegó la Caro inspirada, motivada, con nuevas luces, nuevos proyectos, aún sin resultados y sin tiempo, pero con otra cara... la verdad es que no sé porqué eso de la cara, seguramente son las nuevas alumnas, los nuevos experimentos, la nuevas ilusiones... no sé, pero lo agradezco, ya me hacía falta.

lunes, julio 21, 2008

martes, julio 08, 2008

Coleccionadora de instantes

Son exactamente las tres de la mañana y Claudia sigue viendo las interminables gotas de lluvia que golpean su ventana. A pesar de lo fría y nublada que estuvo su semana ella está contenta, eufórica sería una mejor palabra para describir la inercia con la que llego a la casa. Está contenta porque disfrutó mucho su concierto, pero poco a poco va sintiendo que con cada golpeteo la ansiedad se va desvaneciendo por la preocupación de que Tomás le llame.
Ella en realidad sabe que no llamará, lo sabe porque él desde hace ya una semana le platicó como buen "brother" que fue con alguien más, no sabe su nombre, pero sabe que con ella estuvo bajo el mismo techo y que mientras ella brincaba de emoción la que estaba con Tomás lo hacía de ilusión.
Claudia se pregunta cada que está en la misma situación de incertidumbre el origen de sus preocupaciones, Claudia sabe que Tomás jamás será para ella, que él nunca será de nadie, que es más valiosa la amistad, que ya no le gusta, que ya no le inspira, que la última vez que fue a su casa fue para decirle que ya no necesitaba más de sus caricias ni halagos.
La situación es clara, más clara que el agua, pero aún así Claudia se tormenta una y otra vez por imaginar cómo fue la noche para aquella extraña en el mismo concierto, o cómo fue el viaje a Guadalajara para la otra extraña, o cómo fue la cena que le contó su mejor amiga, o la aventura en los dormitorios de la otra amiga; no puede dejar de pensar en la similitud de esos instantes desconocidos con los conocidos, con el último concierto en que se repitieron las poses y las fingidas alegrías, las sonrisas cómplices, la mano sudada compartida, el abrazo de amistad y agradecimiento, los alcoholes entre "brothers", la infantilidad de Tomás, la atracción entre amantes, las promesas de más instantes, los halagos y las palabras reconfortantes.
No puede dejar de viajar a ese último instante en el que ella era feliz con Tomás sabiendo de antemano que no se iba a repetir en meses y en cómo él almacenó su recuerdo en su enorme vitrina de colección que abriría la próxima vez en que no hubiera extrañas que le aportaran a sus repisas.
La lluvia no deja de caer, y la madrugada cada vez se hace menos notable, pero la cara de Claudia ha cambiado, ya no es de tristeza sino de enojo, un descontento que se le ve en las manos que ya no detienen el celular, el gesto ha cambiado y Claudia ha decidido irse a dormir sin reparos, porque lo cierto es, que pensando en Tomás, le recordó a aquel día que estuvo tranquilamente en el cine con Carlos igualmente feliz que le remonta a ese café con David, al concierto con Javier o a su "noviazgo" fugaz con Daniel y se da cuenta que como buena aprendiz, así como Tomás, ella también se ha convertido en una coleccionadora de instantes.

lunes, junio 30, 2008

Una libreta negra

Más acertadamente era una carpeta, una carpeta negra que guardaba un block barato de cientos de hojas rayadas.

En cada renglón ella hacía las cuentas, era muy importante contar y sumar cada uno de los productos comprados en el súper, muchas veces los cajeros se equivocaban y con el recibo se tenía toda la evidencia para ir a reclamar. No tenía que ser inmediato, porque lo urgente como la leche conasupo, los desayunos DIF para los nietos ya los tenía, y lo otro menos urgente lo compraba cada martes en la esquina, en realidad lo de la libreta era para enseñar a la hija que cada peso significaba sacrificio.

Las hojas también servían para ejercitar la muñeca, círculos concéntricos y lineas zigzageantes eran las adecuadas, solamente practicando diario se podía tener una letra decente para poder firmar o dedicar las cosas, cuando no estaba la carpeta, se apoyaba en una servilleta que a decir verdad no era su predilecta, porque la pluma se sumergía demasiado y a veces la rompía, además de que sólo se podía practicar en un pequeño pedazo que bailaba. Este mismo ejercicio lo hacía su querido esposo, por supuesto que no le prestaba la carpeta, él tenía la suya, y así después de la comida se retaban en juegos silenciosos caligráficos.
Los nombres no podían faltar, renglones y renglones se llenaban de 5 palabras con letras entrelazadas, la segunda la más pequeña y la cuarta la que pasó a la posteridad.
Algunas veces cuando el cansancio vencía después de la hora de la comida, la carpeta funcionaba como almohada, cerrada y forrada interceptaba la cabeza intromisora, su querido prefería la cama y para las visitas existían los sillones convertibles. La nieta que recuerdo prefería el debajo de la ventana, aunque en realidad parecía que el sitio no importaba siempre y cuando la gata blanca descansara sobre su pecho, sorprendentemente nadie en la casa manifestaba desacuerdos con tan alarmante cercanía, ni cuando ambas compartieron parásitos en sus ojos y sus orejas, todos respetaban la amistad, situación que obviamente amabas agradecían.
Otras de las palabras que se veían en la libreta eran de vital importancia, ahí se escribían las pastillas y los horarios necesarios para el día, pasó poco tiempo para que las medicinas se acumularan y su hija tuviera que cambiar la lista por un protocolo modernizado que prescindía de pérdidas y tachaduras, era sencillo y amigable después de un tiempo, aunque a veces se recurría a la carpeta para cuando algún medicamento se volvía a recomendar o era necesaria la información para la automedicación de alguien más de la familia, así que para nada podía desaparecer de la mesa.
La vida no hubiera sido la misma sin sus hojas arrancadas que servían tanto para limpiar las manchas negras que antes eran amarillas como para dejar encargos o mensajes.
Ahora escritos sólo hay mensajes, la carpeta ya no resguarda garigoleados, números o letras infantiles, ahora hay párrafos con caligrafías distintas, encargos de autores diversos con motivos comunes, ya no sirve como bitácora práctica y necesaria, y ni siquiera sirve para su dueña, pareciera como si hubiera perdido todas sus funciones, únicamente sirve para los mensajes remanentes que quizá no fueron dichos en su momento, todos en una fecha, todos con un destinatario. Ahora su contenido es complejo y subjetivo que no será objetada ni escuchada.
Hoy sólo sirve para decir adiós.
Adiós libreta negra.

viernes, junio 20, 2008

Hoy quise despertar, pero me duelen demasiado los ojos y la cabeza como para soportar más pensamientos y más escenas. Siempre he deseado que mi razón sea más continua, más coherente, que no tenga que poner pausas para después poner forwards, que no tenga momentos extremos que me hagan crecer exponencialmente y que luego pasen meses o años en standby. Me encantaría encontrar el ritmo como en los 21 o como en las fluorescencias.
Llevo 26 años de intermitencia, y entre más tiempo pasa, me es más difícil quitarme de los vicios.
Me hubiera gustado estar despierta para ayudar a mi amiga en su adversidad, para aconsejar y consolar adecuadamente a mi hermana en su depresión, para decirle a mi amigo lo mucho que le estoy agradecida y lo importante que fue para mi y principalmente haber estado más despierta para recordar únicamente los años en que me veía a los ojos y me llamaba por mi nombre.
Hoy quise despertar pero la realidad es que llevo muchos años digiriendo su ausencia.
Hoy sólo tragamos la cola del asotador que, estando la cabeza tanto tiempo sumergida en ácido, ya es más daño el suyo que el de nuestra propia laringe.
Gracias.